Extranjero, si un dìa quieres conocer mi tierra, ven, ven con cautela, ven del norte o del sur, desde desiertos ardientes o tierras heladas. Ven buscando nuestras selvas misteriosas sombriamente verdes y arropadas en sus secretos de humedad y utilidad.
Esta no es una tierra débil, escupe energìa como los volcanes de los que he oído hablar que escupen fuego, esta es nuestra tierra extranjero, busca su esencia y encuentra el recuerdo de las generaciones que la han creado a golpes de espada y silbidos de flechas, mares de desgracia, y coraje, que así crearon una nación y una raza. Mira a tu alrededor, ese secreto murmurado en mil silencios y descubrirás los fantasmas que te acechan desde el verdor resintiendo nuestras sangres la de todos, fanáticos luchadores, fantasmas de indios, cabildantes, caballeros de otros continentes, monjes agotados en las selvas y agonías de miseria, así descubrirás mi paraguay, mi tierra implacable misteriosa y torturada que no cree mas en los extraños y en sus promesas. Amén por una tierra convulsionada entre la resignación y la espera y los primeros latigazos de la rebeldía, un horizonte de fuego comienza arder en las distancias, amén por los pobres en sus chozas miserables mirando un horizonte sin futuro, amén por los sacerdotes que creen en el hombre en semejanzas de Dios, con todas sus tristezas y sus clavos en la cruz. Amèn por los soldados que vieron los campos de batalla y nunca los privilegios que enterraron a sus compañeros y luego se preguntaron por que y por quien.









