Los encarnacenos tienen la oportunidad de explotar el enorme potencial turístico que su ciudad acaba de incorporar, pero solo lo harán a condición de que las autoridades y la comunidad asuman el compromiso de proteger y desarrollar este patrimonio.
Una verdadera revolución viene causando en Encarnación el enorme éxito de su flamante Costanera y de sus playas sobre el río Paraná. Tan masiva fue la respuesta de la población, que justificadamente se piensa ya en planes de promoción turística que integren a estas nuevas áreas de esparcimiento en los circuitos de las Ruinas Jesuíticas y de las zonas boscosas de la cordillera de San Rafael. Desde su apertura a mediados de diciembre, la Costanera se convirtió en un lugar de concentración y encuentro de los encarnacenos y, con la habilitación de las tres playas de blanca arena, también de visitantes de otras partes del país y de Posadas.
